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Mi mascota murió

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                 Finalmente, mi mascota murió. No pude despedirme de ella. Andrea sigue sin contestar mis mensajes y no me avisó que él estaba enfermo.             No esperaba esa crueldad de ella.            No irá ni a mi velorio ella. No sostendrá mi mano ni yo podré sostener la suya al morir.            Sobrino mío, espero verte antes de partir.            

Chernobyl

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  La noche   Tengo un pedacito de los bienes del mundo. Un balcón chico, bendecido por el sol paliducho de julio. Rejas, sí. Ropa pendiente, también. Un bidón de plástico, sucedáneo de una maceta con una cala blanca que no prosperó. Reposo en él y veo. Ventanas y edificios que en la feriada mañana parecen Chernobyl. Hervimos, todos, en nuestro propio caldero. Juegan las aves. Sólo la noche aterra. Me defenderé de todos mis demonios. Acaso Chernobyl, la cala blanca que no fue, las ventanas en las que la gente hierve sin saberlo, un pájaro que cruza el azul, tres personas que asoman, acaso sea eso todo. La noche aterra.

Recuerdos de ella

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Mis recuerdos ya no son míos. Ellos aparecen y desaparecen como quieren. Yo les llamo "mis extranjeros". Ellos vienen sin tocar timbre. Una mañana como hoy, pero es más frecuente que salgan a pasear por las noches. Porque por la noche, los amigos de los extranjeros, desarman el telón de la vida y lo guardan debajo del mundo. Por eso las luces siempre se extravían y no iluminan más que lo cercano. Y a mis extranjeros les gustan esos primeros planos grotescos. Ellos son alborotadores y estridentes. Diría que son italianos de origen. Cuando aparecen no dejan de gritar y de reclamar. Sedientos siempre, les gusta beber de las lágrimas que yo escondo por pudor de hombre. No logro olvidar a tu tía, querido sobrino.

Me perdono a mi mismo (parte 2)

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Qué estúpida entrada la anterior! Superficial, llena de frases hechas, como la consigna de un escolar. La entrada no es estúpida: el estúpido soy yo. Imbécil, estéril. Por ende empezaré de nuevo. Voy a comenzar perdonándome mi estúpida entrada anterior. "Me perdono a mi mismo" Todo una contradicción a mi manera de ver. Quién perdona? A quién perdona? Qué perdona? En principio el que perdona perdona a otro, por lo cual es a priori difícil perdonarse a uno mismo sin estar algo loco. Se añade dificultad al asunto cuando uno repara que, para perdonar, debe admitir una culpa o al menos una responsabilidad. Lo doloroso no es perdonarse, sino admitir el error. Perdonar, además, no es olvidar. Olvidar no es posible. Perdonar es retirar el enojo de la situación que se perdona. Entonces, siguiendo este demencial razonamiento. Quién perdona? Yo. A quién perdona yo? A mí. Yo perdona a mí. O, en primera persona, yo me perdono a yo. Qué perdona? Un daño. El que yo infligió a yo. Q

Me perdono a mi mismo

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Hoy he decidido volver a escribir. Es necesario que me pida perdón a mí mismo. Me he lastimado mucho con la aguja de la culpa. Sólo cabe la responsabilidad y la reparación de lo hecho. No hay lugar para el sufrimiento. He mentido, he descuidado, he maltratado. Hoy me perdono a mí mismo y sigo adelante. Debes entender eso, querido sobrino.

Miedo a la soledad

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El miedo a la soledad está desvalorizado socialmente. Sin embargo yo lo admito y lo confieso. ¿Quién desea morir sin una mano que sostenga la suya?

La odio

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Sobrino querido. Hoy siento un odio inmenso hacia tu tía Andrea. No deseo el mal para ella. La amo y no podría jamás desear eso. Pero casi tanto como la amo hoy la odio. Siento un rechazo infinito hacia la mujer que no supo abofetearme a tiempo. Creo que en el fondo ese odio no es más que el reflejo de un odio a mí mismo. Martín, espero entiendas o comprendas algún día. No dejo de penar, no puedo dejar de penar por ella. Eso hace insoportable su presencia en mi mente, en mis recuerdos. La persistencia obsesiva de su ausencia, por paradójico que parezca, llena cada intersticio que deja mi débil y porosa rutina diaria, como un aceite venenoso se infiltra y rellena un manto de grava. Martín. Hoy odio profundamente a tu tía Andrea. Y sí. Se merece mi odio tanto como yo merezco la culpa y el castigo.

Pérdida y depresión

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Ella es perversa. Creo que se está vengando de mí. Me ha abandonado sin posibilidad de corregir mis errores y purgar mis penas. Sólo estoy, no desesperado. Voy a lograr salir, con o sin ella. Nunca me ayudó, tampoco estaba obligada a hacerlo. Mis demonios son sólo míos. Pero me recuperaré. Como día a día de este junio espantoso lo estoy haciendo. Con buena gente a mi lado. No sé cómo es incapaz de sentir culpa. Yo me siento inmensamente culpable por todo. Una explosión de angustia en mi pecho trata de brotar ahora como palabras, como manchas de tinta sobre papel.

Soledad extrema

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Hoy la crucé por la calle. Nos detuvimos. Le pregunté a Andrea si había considerado la posibilidad de dejarme volver con ella. Me dijo que sí, que la había considerado. Y que había reforzado su decisión de dejarme. En ese momento supe lo que es el abandono. Y la soledad extrema.

Negro sobre blanco

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Es hora de hablar sin tapujos. Soy el responsable principal pero no el único. Desde hace más de veinte años que mi salud ha sufrido golpes casi mortales. Eso me desestabilizó mucho emocionalmente. Comencé a beber, desesperado. Acudía a terapia y a psiquiatras. Andrea soportó toda esa desgracia, debo reconocerlo y agradecerlo. Pero fue una espectadora. Nunca tomó una actitud activa para ayudarme o al menos ponerse firme conmigo. Jamás buscó hablar con mis terapeutas. Veía cómo yo me iba hundiendo en la enfermedad, la depresión y la adicción. Toleraba (¡que ya es mucho!) pero no hacía nada. No pretendo eludir la responsabilidad por mi estado: es mía. Pero si estás en pareja debés hacer más que soportar. Debés sostener la mano y ayudar. Andrea no lo hizo. Pero no fue por falta de amor. Creo que se paralizó. Que fue demasiado para ella. No pudo estar a la altura de la crisis. Igual que yo. Tampoco estuve a la altura de la crisis. Y llegó el día en que toqué fondo y

Dolor o sufrimiento

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La novedad terapéutica del día: podemos sentir dolor pero no sufrimiento. ¡Qué lindo suena! El sufrimiento sería un dolor proyectado hacia el futuro, y por lo tanto de duración indefinida. El dolor, por el contrario, es una vivencia del hoy, del aquí y del ahora. Ahora bien queridos terapeutas... ¿Cómo evitar sufrir si es intrínsecamente humana la preocupación por mañana? No somos perros o gatos. Nuestro lenguaje conjuga el futuro, el subjuntivo. Una buena: la estoy empezando a aborrecer... No es tan buena como parece. O como la idealicé... No pienso suicidarme. Tengo que ajustar cuentas y confío triunfar. Desamorada... no merecés mi pena. Je, una esperanzada confianza en mí me invade.

Cómo olvidar a mi ex

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No quiero convencerme. No puedo convencerme. ¿Cómo hago para olvidar a Andrea? Es fácil decir "soltá", "pasá a otra cosa", "cerrá esa etapa", "hacé el duelo". ¿Cómo se hace todo eso? Creo que este asunto es decisivo para ser feliz. O la recupero o la olvido. Y creo que no la estoy recuperando. Sobrino mío. Cuando leas esto algún día no te pongas triste. Hice lo que pude.

Desesperación

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Ayer un amigo me explicaba. Quizás esté en lo cierto o no. No lo sé. Estoy confundido. Me dice: ella te quiere, pero siente que no podrá confiar más en vos. Y yo le digo: ¿me querrá? Y dice: muy posiblemente sí. Y yo digo: ¿y el amor no la impulsará a querer que yo vuelva? Y el se quedó callado.

Cómo borrar mi pasado y empezar de nuevo

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¿Cómo olvidarla? ¿Cómo borrar mi pasado, amputar la mitad de mi vida? Es como cortar la mitad de mi cuerpo. ¿Cómo debo hacerlo? Por eso este post no es para mi sobrino. No puedo exponerlo a tanto dolor ajeno. Este post es para ustedes, los que están allá. Los Otros. Los que quién sabe por qué razón han detenido su mirada sobre este lodazal. A ustedes les pregunto, ¿cómo hacer?

Game over Andrea

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Renuncio. Renuncio a vos definitivamente. Game over. No puedo seguir adelante por este camino. Es demasiado doloroso. Es cruel. Y es injusto con vos Andrea. Hoy estoy bastante engripado. Quizás eso no ayude a ver lo bueno. De todas formas, en varios años, mis esfuerzos por conseguir tu perdón han sido vanos. Vanos han sido las fotos sepia de nuestro contrato de amor mi mano sosteniendo una foto de tu rostro que ya acusaba los tormentos de mi presencia la frase de El Principito, inútil fue en su inocencia los cambios borgeanos delatando lo inexorable del tiempo mis torpes llamadas telefónicas rastreando afectos muertos mis poemas, y mis promesas indignas de volverme perro mi hermoso listado de pequeños amores, las letras de canciones que te dediqué en cursi tradición las fotos! esas que vos no tenías!!! (tampoco) De forma tal que sólo queda elegir entre dos caminos Ambos adelante Uno a izquierda Otro a derecha Dios te bendiga Andrea!

Si pudiera volver

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Si pudiera volver a casa, Andrea no habría noche sin buenas noches, ni claves, ni secretos no tendrías el desvelo de lo pequeño podría estar a tu lado en la risa y en el silencio quizás sería ese pequeño compañero al que algunos niegan con injusticia el nombre de amor porque no conciben un amor tranquilo hecho de pequeños instantes de una taza de mate cocido que se comparte en el piso del patio de un paseo, una mascota, una vuelta a la manzana un vos esto y yo aquello para que algo nuevo aparezca habría estrellas en la noche tan sólo porque las veríamos

Tu desayuno en la playa

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Seguramente recordás Andrea tus desayunos en la playa. Este recuerdo se empezó a encadenar con otras memorias, como si esa imagen fuera un aparejo que hace salir del aljibe del olvido toda una serie de vivencias. Ya no puedo seguir adelante sin vos. Cada día es más difícil que el anterior.

Casa junto al lago

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Andrea, recordarás esta foto. Y una lluvia, un chapuzón inesperado, el aire del campo, los silencios en la noche, el aroma a hierba, la ruta sinuosa, el ripio, una caminata, otra. Dormir, pasear, jugar con él, el frío o el calor, el lago, árboles de raíces descalzadas, cotorras, un perro perdido, carteles de madera. El pan y los bizcochos. El mate cocido sin prisa.

Juntos nos maravillamos

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Andrea, cómo no revisar las fotos, nuestras fotos. ¡Cómo nos maravillamos juntos recorriendo el mundo! Cada foto es un hito, una marca en el tiempo. Una marca de nuestra presencia, vos y yo, ahí, en ese momento. Son muchas fotos, fue mucho tiempo juntos. Una vida. Te amo.

Sólo quedan los recuerdos

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Andrea, ¿cuántas vacaciones pasamos en esta cabaña? La montaña nos enamoraba. Vos tejías, yo hacía el asado. Te hacía verduras asadas, te encantaban. Era todo muy simple, pero nos hacíamos compañía. Juntos, vos y yo. Fueron muchas veces, muchas. Muchas montañas recorrimos juntos. Te amo.

Todo terminó, salvo un milagro de Dios

Hoy me reuní con la tía Andrea. La vi hermosísima como siempre. Algo cansada. Agobiada de problemas que no quiso contarme. Le dije que me había dado cuenta finalmente de que nuestra relación era irrecuperable. Ella asintió, no sin un gesto de dolor. Pero asintió. Yo abordé fríamente la cuestión de los escasos bienes en común y su división. Ella asintió. Sentimos un gran dolor. Sólo un milagro de Dios podría reunirnos de nuevo. Juntos hasta el final !!!!!!

De esta agua no beben las bestias del olvido

de Olga Orozco LLEGA EN CADA TORMENTA ¿Y no sientes acaso tú también un dolor tormentoso sobre la piel del tiempo, como de cicatriz que vuelve a abrirse allí donde fue descuajado de raíz el cielo? ¿Y no sientes a veces que aquella noche junta sus jirones en un ave agorera, que hay un batir de alas contra el techo, como un entrechocar de inmensas hojas de primavera en duelo o de palmas que llaman a morir? ¿Y no sientes después que el expulsado llora, que es un rescoldo de ángel caído en el umbral, aventado de pronto igual que la mendiga por una ráfaga extranjera? ¿Y no sientes conmigo que pasa sobre ti una casa que rueda hacia el abismo con un chocar de loza trizada por el rayo, con dos trajes vacíos que se abrazan para un viaje sin fin, con un chirriar de ejes que se quiebran de pronto como las rotas frases del amor? ¿Y no sientes entonces que tu lecho se hunde como la nave de una catedral arrastrada por la caída de los cielos, y que un agua viscosa corre sobre tu cara hasta el ju

La pérdida es una dolorosa mutilación

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Hoy caí en la cuenta: la pérdida de Andrea y de Martín es como si me hubieran cortado medio cuerpo. Me digo: la acepto. Es mi realidad. Hoy y aquí. El dolor es terrible y no  debe ser anestesiado. Pero lo anestesiaré.

Adiós Martín

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Querido sobrino, El otro día cuando nos cruzamos casi lloramos los dos. Nada pudo ser dicho. Sólo mi mano que acarició tu cabeza y un choque de puños como los que hacíamos cuando éramos familia. Nada pudo ser dicho. El silencio fue como un agujero de angustia. Vos seguiste con tus amigos jugando esa tarde. Yo te veía de lejos. Creo que ni pensabas en tu tío. No sé qué te habrán dicho de mi. Sólo sé que debo esperar. Que cuando seas grande, Martín, quizás te de curiosidad por saber de un tío que te quiere como un padre. Adiós, Martín. Crecé fuerte y feliz.

Adiós Andrea

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Hola Andrea. De alguna forma todo lo que pasó sirvió para hacerme tomar conciencia y quiero agradecértelo. Ya todo está dicho, creo, a esta altura. Simplemente te repito que sé que me perdonaste como ser humano. Sé también que me equivoqué mucho.  Fui egoísta y desconsiderado. Me comporté como un traidor. Te ignoré, te maltraté Me sumergí en mis problemas. Te lastimé mucho. Sin desearlo te lastimé mucho. Pero también te amé mucho.  Me enamoré apenas te conocí. Hubo épocas hermosas juntos y sueños, proyectos, viajes, compañía... Arruiné todo y te causé un dolor enorme, enorme... Comprendo tu decisión de divorciarte. Hiciste lo debido. Lo correcto. Quizás ya sea muy tarde y totalmente imposible pensar en volver a estar juntos.  A pesar de que hoy soy otra persona, mucho más parecida al Lucas del que te enamoraste, aunque más viejo. Te voy a amar por el resto de mi vida. Pero no voy a volver a visitarte. Veo que te duele, te mol

Extraño mucho a la tía Andrea

Andrea, mi amor Esta carta no es un pedido para volver con vos. Ese pedido ya te lo hice y vos no quisiste saber nada del asunto. Pienso y sueño todos los días con eso pero ya me voy dando cuenta de que no me amás más. Tampoco es un pedido de perdón. Ya te pedí perdón y vos me perdonaste. Nada más tengo que decir que lo que dije. Que estoy tan arrepentido por lo que pasó que hay días en los que ni siquiera quiero salir de la cama. Entonces no te escribo para volver ni para pedirte perdón. Te amo. Te extraño. Sos y serás siempre la mujer de mi vida. El sentido para seguir vivo. Sos el ángel que no cuidé. Y me cuesta encontrar razones para seguir viviendo. Sólo el anhelo del amor de nuestro sobrino. Verlo de nuevo me dio fuerzas. Por él escribo este blog. Esto debe terminar. De alguna forma. Soy Lucas, ese tal Lucas como diría Cortázar. Un tal Lucas, hoy, ahora, acá.

Insomne

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Impedido de soñar vigilo los tatuajes de la noche. Pinto de color azul la sobria carretera de cipreses. Oigo los suaves espíritus cantar la canción frágil de un mural: mujer, lágrima, penumbra. Íntimos de una fachada de barrio como la palabra al gesto como el óleo a la cárcel del lienzo. Impedido de dormir fabulo un gato dueño de la noche. Ella me imagina leyendo el color de mi pupila. No hay sueño, no hay color en el callado mural sólo tinta sepia, lágrima, un ojo que se esfuma en la memoria añil como se secan las flores como despega el pájaro que huye de una rama a la otra c omo se enrasa el dulce sobre el pan. No hay color, sólo la forma de la mujer, el azul, el brillo gris de la lágrima que seca el sueño, la noche, el libro y la pluma del hombre y cierra aquella carretera. No hay más cipreses ya ni penumbra ni canción que no sea el crujido de la sal.

Alguien le preguntará a Andrea

Andrea ¿Cuál es tu miedo? ¿Has sido herida? ¿Qué buscás? ¿Qué hay detrás de tu máscara de hierro? Detrás de tu máscara de risas y de acero deseo ver esa caricia anhelada. La que nos hace eternos por unos minutos. Únicos, por unos instantes. Ajenos y dueños yo de vos y vos de mi. Por unos instantes nada más. Porque lo mucho es poco. Y lo infinito es nada. Todo duele salvo un beso. Te espero nada o sea siempre.

Andrea sigue enojada

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Martín, la tía Andrea sigue muy enojada conmigo. Peor aún, es irónica. El sarcasmo es peor que el odio. El sarcasmo denigra. El odio es una demanda de amor. Volví de mi viaje. Me rescataron deshidratado en Brasil. Lo primero que hice fue tonto e inútil. Querer verla. Me expuse a reproches. Merezco reproches, pero ya no los quiero. Andrea se está moldeando como arcilla nueva: una mujer feroz. Y eso me angustia.

Extraño texto

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Encontré en internet un extraño texto. Es como una carta. De alguien anónimo. A pesar de sus imperfecciones y lugares comunes me causó cierto desasosiego. La transcribo. "Y dicen que los días tienen 24 horas. ¡Mentira! Yo he vivido días de 59 horas. Y otros que no entran ni en un recuerdo así de chiquito. De las noches no me hago cargo. Mirame vos. Yo no miro. Sólo clavo mis pupilas de a ratos. El silencio, cuando es gris, no pesa tanto. Entonces te beso. Ella olvida a todos los que nunca aprendieron a sonreir. Hay piedras que quedan demasiado lejos. Te acompaño y vamos de la mano si querés, pero volvemos antes del amanecer. Y sabés que me podés pedir otras cosas: yo puedo seguir cantando hasta el polvo, hasta el tumor o hasta la muerte. Lo único eterno es el vacío. Y lo sabés. Y cuando ya no estés sólo dolerá la ausencia. Sólo el recuerdo, sólo el gris, sólo la piedra. Sólo la pupila y los desquiciados días atravesando mi piel asqueada de sudores ajenos."

Los hechos

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Querido Martín, es hora de que lo sepas. El sol no se tapa con la mano. Es de noche y los demonios acuden a mí. Largos fueron los años de enfermedad. Largos fueron los años de silencio. Largas fueron mis faltas y mi cobardía. Quiero ser indulgente conmigo mismo. Quiero ser feroz conmigo mismo. En una época he bebido demasiado. Se lo dije un día al doctor que se ocupaba buenamente de mantenerme vivo. Él me miró impotente. Esto no tiene nada que ver con vos ni con la tía Andrea. Miro por la ventana y veo las pequeñas ventanas de los edificios. Detrás de cada cristal, mudas, las figuras de personas. Todas ellas hierven en su propio caldero. Y yo en el mío. Soy todos y a la vez uno. Quizás esa sea mi definición de soledad: ser uno entre todos los ajenos. Una tarde la ventana me devolvió un azul profundo, el azul que precede al negro. Y un ave surcó el cuadrante azul. No hay prójimos en el infierno. Intuyo que sólo el amor al que está cerca redime y fortalece. Mar

He decidido ser malo

A la gente malvada le va mejor. Por lo tanto he decidido ser malvado en algún grado. En realidad no deseo ser malvado sino profundamente egoísta y centrado en mi propio placer. A medida que escribo esto veo que no es un legítimo deseo, sino un profundo resentimiento. Odio a la tía Andrea por haberme dejado. Justificadamente, por eso mi impotencia y bronca. Las uvas eran verdes... Debiera existir una manera de salir de acá, de este estado, sin destruirme. El psiquiatra habla de duelo, de antidepresivos. No creo que sea esa la vía. El camino. El camino es el reconocimiento cabal del asunto, de la realidad. Tomar conciencia.  Me cuesta llorar. Me cuesta estar solo. No sé qué hacer.

Todo se derrumba

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A veces siento, como hoy, que todo se derrumba. Que voy muriendo de a poco aplastado por un reloj monstruoso. Me mantienen vivo algunas cosas: un texto de Felisberto Hernández. Una letra de una canción. Hilos de vida. La imagen nocturna de mi último poema. La promesa del próximo. El recuerdo mi sobrino, eso es una cuerda fuerte a la vida.

Mi mejor esfuerzo

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Decidí hacer un esfuerzo por salir adelante. Sé que hay luz, que la vida es bella, un regalo. Dios me enseñe el camino.

A la deriva

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Estoy a la deriva. No hay puertos en la deriva. Sólo mar inmenso, un sol sin clemencia, un salobre que todo corroe, resplandor y ceguera, y el recuerdo de ella. Martín, sobrino, recuerda que no hay puertos en la deriva, recuerda que la tía Andrea era mi ancla y mi muelle, mi soga y mi sueño. No hay puertos en la deriva. Imagino a la Tierra plana y carente de toda esfericidad: poco falta para que yo caiga desde su filo. Mi vida es buena. Eso la hace aún más detestable. Todo es bello y a la vez triste. La tristeza no tiene fin. La vida sí.

Unforgettable

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Todo, sin embargo, será absolutamente inolvidable para mí, a pesar de que el rostro de ella está cada vez más borroso. Los paseos a caballo, las tardes de mate con burrito, las andanzas en kayak, las caminatas por la costa en Platamar, su mirada inocente, tantos momentos bellos condenados a un olvido progresivo e inexorable. Yo admiraba y amaba a la tía. Era, es, una mujer hermosa y noble, buena y sensible hasta la exageración. Y yo me pregunto, Martín, ¿cuándo empezó este desastre? Y yo me pregunto, Martín, ¿cómo se vive con esto? ¿Cómo se sigue adelante? Y te digo Martín que te amo, niño, mi sobrino adorado.  Por eso Martín quiero repasar mis tropiezos, para que cada piedra que yo te muestre en mi camino no sea una en el tuyo.  Sólo eso puedo dejarte. Eso y mi mejor deseo para vos.  Debés saber que, si por azar yo estuviese vivo cuando vos leas esto, podés contar conmigo si lo necesitás.  Si mi salud empeora, un día alguien cercano comentará, “mur

Vanesa M.

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Hoy recibí la visita inesperada de mi primo Raúl y de mis amigos Ignacio y Pascual. Ellos tienen una oferta de trabajo. Debo regentear un barco "Vanesa M."  Eso significa instalarme en forma permanente en Buenos Aires, cerca pero lejos de mi Montevideo natal. Dicen que debo hacerlo. Me siento entusiasmado y con fe. "Vanesa M." es un barco viajero y colorido.

Ella se está yendo

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Sobrino. Hoy, mientras escribo estas líneas, siento que estoy desesperado porque me gana el olvido. El olvido es como la selva: crece y se come los bordes de la carretera de mi memoria. Se están borrando los detalles del rostro de la tía Andrea. Son muchos meses ya sin verla. Me voy sintiendo un extraño para con su imagen, o peor, su imagen ya no quiere habitar más mi pasado, desea irse totalmente de mí. Yo resisto su huida haciendo un esfuerzo con mi pensamiento pero es inútil.  Ella se está yendo.

La aguja de la culpa

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Querido sobrino, tengo una esperanza cifrada en vos: que no seas como yo.  Estoy convencido de que puedo dejarte algo de cierto valor: la enseñanza de mi error. Y te lo ruego, te lo ruego encarecidamente, quizás porque sea esta la única forma de sobrevivir en alguien, de legar, pero te pido que pienses en esto cinco minutos y, si estás de acuerdo, te lo grabes para toda tu vida: sé un buen hombre con tu mujer. No vayas a ser como este tío. De sólo expresarlo me clavo cada vez más profundo la aguja de la culpa.  Porque yo no me porté bien con la tía Andrea, Martín.  Con mi  pollita  (yo le ponía una palma de la mano en el pecho, se lo frotaba y le decía “pechito uruguayo”) cometí la peor de las faltas: me comporté como si la hubiera dejado de querer, aún queriéndola.  No podés desatender e ignorar a la mujer de toda tu vida. El precio que pagarás es enorme.

Un nudo en la garganta

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Entonces Martín, muchacho, me dirijo a vos.  Quizás te avergüence ahora que yo diga que te llamaba “Capitán Tincho”, que jugábamos a cambiarte el nombre por otro que empezara con la letra “m” y que te indignabas cuando yo te decía Mario, Miguel, Manuel.  Espero que leas esto ya hecho un jovencito, al lado de la hermosa tía Andrea.  A vos Martín, muchacho, te digo que yo te quería mucho. Como a todos los que quise mucho, también te quise mal, de la mala manera con que queremos los hombres egoístas y alterados mentalmente. Si te hubiera querido bien estaría con vos, o estaría muerto pero mi recuerdo vivo en tu corazón. Estaríamos juntos, tomando una de tus primeras cervezas, o enseñándote a manejar. Pero no será así. Yo estaré ya fuera de todo lo que amaba cuando escribí esta carta.  Se atropellan tanto las palabras que por momentos son como una tropilla furiosa que corre sobre el teclado.  Eso que dicen del nudo en la garganta es cierto Martín.